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Hola a todos con felicidad les anuncio que Revista Audaz ha cambiado su sitio, con una nueva imágen y muchas sopresas más.

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Ignacia Aliaga

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Maldita espinilla


Era Viernes por la tarde y seguía la misma rutina de todos los viernes: llego cansada, voy directo a mi pieza y tiro todo sobre la cama, antes de salir de la pieza me miro al espejo (un chequeo rápido de cómo me veo con mi ropa), voy a la cocina, busco un vaso de jugo y estoy lista para ir a sentarme, casi para todo el resto del día, frente al computador.
Es increíble como podemos batir records en eso: estar por horas y horas metidas en Internet sin hacer nada importante, o bueno no más de un par de cosas. En general perdemos el tiempo en puras tonteras y al final de todo ese navegar lo único que podemos concluir es : Internet 1- nosotros 0. Y para peor ese es sólo su primer round ganado, porque después vienen nuestros agradecimientos por su existencia(Internet 2-nosotros 0).
En fin, la tarde del Viernes era para que Facebook o MSN me dieran la respuesta de lo que sería mi “salva semana”, el carrete. Estoy hablando con algunos amigos y tengo más de una opción para salir, pero obviamente prefiero ir donde vaya la mayoría de mis amigos. Se armó,, hoy resultaba ser el cumpleaños de Felipe y a mi se me había olvidado por completo a que fecha estábamos. Era “el carrete del año”, donde van todos quienes conoces desde hace mucho tiempo, pero que no ves nunca, o sólo para ocasiones como este carrete.
Es un gran motivo no para no arreglarse, sino “producirse”. Entonces empiezo temprano: siete ducha, siete y media cremas, siete cincuenta pelo, ocho diez maquillaje… Y aquí se funó todo. Busco mis pinturas, le saco lo que me falta a mi mamá, dejo todo sobre la mesa junto al espejo, prendo la luz y estoy lista para empezar. El espejo por un lado es normal y por el otro tiene zoom, por supuesto que escojo este último para tener más precisión. Me miro al espejo y “no… no puede ser”, ahí estaba, ¡un verdadero Alpe en mi frente! Pruebo cambiando mi chasquilla de lado; funciona pero no me sienta para el lado derecho, base… “¡no tremendo estuco!”, me saco la base. Último recurso: “ataco mi espinilla” y pasa lo que era obvio que iba a pasar, pero que, aun sabiendo las consecuencias te la revientas igual. “Ahora no tengo un Alpe, sino al mismísimo Everest, y por si fuera poco ¡toda mi frente roja!”. Me queda poco tiempo, y solo me queda aceptar que ya no hay mucho más que hacer. Entonces me resigno, hago lo mejor que puedo, y salgo.
En el carrete saludas a la primera persona, que no conoces y obviamente no es el dueño de casa, el cumpleañero, a quien, por cierto, nunca encuentras más que por casualidad en toda la noche. Saludas al segundo, que tampoco conoces, ya esta vez haciendo aquel gesto con la chasquilla, con el que intentas ocultar la “amorosa” espinilla. Saludas al tercero de este grupo, que sí es tu amigo, lo abrazas y sin que él alcance a darse cuenta, desde ya le adviertes “¡mira lo que me salió, está enorme, más encima intenté reventarla y mira como quedó!” Lo único que me faltó decir fue “Nico te presento a espinilla, espinilla el es Nicolás”.
Conversas con la mitad de la fiesta y sientes que todos la notan, pasas entre algunos y te imaginas que el tema de conversación eres tu y tu espinilla, incómoda, sigo con el movimiento inútil de la chasquilla, que finalmente, lo único que logra, es indicar el camino hacia donde deben mirar, la espinilla.

Camila Morales

Accesorio básico “Los cinturones”


A lo largo de la historia de la moda, hemos visto la aparición del cinturón como un simple accesorio que solamente iba con determinadas prendas o tenidas. Pero en mi opinión, el cinturón es un elemento fundamental a la hora de vestir porque más que ser un accesorio como cualquier otro, es una pieza que tiene muchas ventajas que a veces una al vestirse no se da cuenta.
Por ejemplo, ayuda a marcar la cintura, de manera tal de crear y/o acentuar una silueta femenina; y a proyectar una imagen con balance y sobre todo proporción.

Ahora, es importante que tengamos en cuenta que hay un mundo de cinturones y realmente hay que saber cual nos viene a cada una para lograr el objetivo deseado. Para esto les daré algunos consejos:
1)    Ideal para mujeres altas con pocas caderas: Un cinturón más ancho ayuda a que visualmente nuestra cintura se vea más delgada. Ojo que si tienes las caderas y/o el busto grandes hay que ser más cuidadoso para usar un cinturón con éstas características, ya que se estarían acentuando.
2)    Mujeres de baja estatura: Para éste tipo de mujeres, es recomendable que use un cinturón intermedio, y en lo posible del mismo color o tono de la prenda (blusa, falda, etc.), porque de ésta manera acentuamos la cintura y además damos la idea visual de verse más “altas” y estilizadas.
3)    El cinturón delgado va bien con cualquier tipo de cuerpo y prenda. Simplemente hay que entender que si tengo mucho busto o no soy muy alta por ejemplo, lo mejor sería usar el cinturón un poco sobre la cadera, de manera de alargar visualmente el tronco, estilizando así nuestra figura.

4)    Si tienes las caderas anchas, no es recomendable usar el cinturón muy bajo o a la altura de ésta, porque la estaríamos resaltando. En ese caso lo mejor sería usarlo más arriba a la altura de nuestra cintura de manera de destacar eso y proporcionar de mejor manera nuestro cuerpo para que se vea armónico.

5)    Ahora si tu cuerpo se caracteriza por tener los hombros anchos y las caderas más bien angostas, lo mejor sería usar el cinturón más bajo, de manera de crear armonía y proporción en tu silueta.

Más que nada éste artículo busca dar consejos cuando una está en aprietos y realmente no sabe cómo vestirse en las mañanas antes de ir al trabajo o a la universidad. Lo más importante es que tomando éstos consejos en cuenta, sepan adaptarlos a su propio estilo y se sientan cómodas con él y sean ustedes mismas, porque más que nada el vestirse de una manera y usar determinadas prendas o accesorios, reflejan y comunican sobretodo, el quienes somos y nuestra personalidad frente a los que nos rodean.

Francisca Reyes

A un paso de salir de la universidad


Siempre decía que estudiando todo iba hacer más fácil: me podría comprar lo que quisiera, podría ir donde quisiera y sobre todo, sería una gran profesional que por fin se iría de la casa. Y ahora, a muy pocos meses de terminar mi carrera, surgen muchas dudas e inquietudes; dudas que sólo voy a poder resolver al momento de enfrentarme a ese mundo que se encuentra allí afuera. Ahí voy tener que poner a prueba todas mis capacidades y conocimientos, para obtener un trabajo y así competir con todos “aquellos” que también se encuentran en la misma situación que yo.
Aunque desde el colegio tuve la idea de ir a la universidad y estudiar algo que me gustara, nunca pensé que cuestionaría el camino que elegí como lo estoy haciendo ahora que estoy en la recta final. Y es aquí donde las cosas se empiezan a complicar, la vida se pone más difícil, comienzan nuevas responsabilidades como pagar cuentas, el crédito de la universidad y muchas otras cosas.
A pesar de que terminar la carrera genere todas estas dudas y temores, al mismo tiempo trae una gran sensación de orgullo, un gran sentimiento de haber cumplido con unas de las tantas metas y objetivos que me he propuesto en la vida. Ahora lo único que queda es mirar hacia adelante y enfrentar los obstáculos que se van presentando. Hay que comenzar a trabajar y por fin ganarse su propio dinero, sin tener que pedirle a los papás ni depender de ellos.
Aunque obviamente a todos nos gustaría estar siempre regaloneados y protegidos entre los nuestros, llega un punto en la vida donde hay que saber valerse por uno mismo y hacerse cargo de las responsabilidades. De otra manera, ¿Qué seríamos?¿Unos eternos mamones tal vez?
Y el primer paso que tenemos que dar para convertirnos en personas independientes es preguntarnos cómo hacerlo. Por la menos para mí, la respuesta fue estudiando para así tener una profesión y una vida mejor. Si elegimos este camino hay que estar preparados para vencer ese temor de enfrentar ese mundo laboral, y también personal cada vez más duro y competitivo. Al final lo único que nos queda es ser optimistas y confiar en nosotros mismos, de que superamos el desafío de la universidad y nos convertimos en profesionales de verdad ¿Quién más va a creer esto si no lo hacemos nosotros primero?
Esa es mi opinión ¿Qué opinan ustedes?

Camila Pérez

¡Bienvenida Primavera!


Hoy en la mañana desperté 10 minutos antes de lo normal y me puse a pensar en la cosas que tenía pendientes como : taller, comprar un regalo, mandar unos cuantos email, etc. Entre todo eso, me di cuenta que había una cosa distinta, algo que extrañaba “El canto de los pájaros por la madrugada”. Sonará muy extraño, no se si lo han notado, pero en invierno los pájaros no cantan. De ahí me surgió la pregunta ¿Habrá o ya llegó la primavera?
Para mí esta estación es una de mis favorita: se acerca mi cumpleaños, empieza el calor, florecen los cerezos y los aromos, etc. Si sé que es super cursi cuando dicen “La primavera hace que renazca nuestro interior” (demasiado cursi en verdad), pero cuando comienza a subir la temperatura, creo que casi todos empiezan a sentirse mejor. Puede ser que por fin poder tirarse en el pasto y sentir el calor del sol sobre nuestras caras tenga un mágico efecto de subirnos el ánimo.
Por otra parte, para que hablar de este mes que está recién empezando. Septiembre: El mes con menos actividades laborales ya que todo el país está de fiesta. Por lo menos para mí, son 10 días de festejo y relajo. Para el bicentenario creo que iré con mis amigos a Algarrobo; con mi familia haremos un rico asado y por mi parte, voy a descansar y avanzar en un proyecto que tengo debajo de la manga. Y ustedes ¿Que harán esta primavera y largas vacaciones?

Ignacia Aliaga

El yoga y sus beneficios


ilustración: Amparo Phillips

Siempre he necesitado hacer algún deporte por que sino, ando como demonio y no me soporto ni yo. Siento que tengo demasiada energía concentrada y que si no la saco por alguna parte, empieza a hacerse negativa. Me pongo mal genio, irritable, tiesa, etc. Pero después de cómo 5 años yendo al gimnasio, necesitaba algo diferente.

Un día probé el Ashtanga y me encantó, sobretodo por que a pesar de ser físicamente exigente, salía llena de energía, con la cabeza despejada y una paz deliciosa.

Después me vine a vivir a Viña y mientras buscaba un lugar donde practicar este tipo de yoga, me encontré con un local de “Bikram yoga”. Yo me acordaba que eso era el yoga con calor del que me habían dicho cosas terribles, entre otras, que había personas que vomitaban en la sala. Así que no me tincó mucho, pero como la primera clase era gratis, decidí probar. Así llegué a mi primera clase, llena de prejuicios y sin ninguna fe.

Pero a los diez minutos ya sabía que me iba a quedar. Sentí que estaba trabajando todo: el cuerpo, la cabeza y el corazón. Estar ahí, totalmente consciente de mí, fue muy rico. El Bikram yoga es muy exigente, te obliga a enfrentarte con todos tus miedos y complejos, eres tu frente al espejo y no te puedes ir. En un momento lo único que quieres es salir corriendo y seguir con tu vida de siempre haciéndote la loca, pero una vez que entras, te das cuenta de tantas cosas que es imposible no verlo: tienes mucho trabajo que hacer. Tu cuerpo acusa todo lo que haz hecho y haz dejado de hacer. Tu cabeza hace lo mismo, no puedes creer lo difícil que te resulta seguir una instrucción básica, no eres capaz de seguir un diálogo, tus pensamientos aparecen sin disciplina alguna, el corazón está incomodo y quiere salir también, te frustras, te da rabia, pena, sed, todo, todo, todo… te das cuenta que eres un caos y que dentro de esta sala a 42º puedes hacer que las cosas vuelvan a un estado más armónico. Empiezas a controlar tus pensamientos y tu respiración, a ponerle disciplina a tu cuerpo, en resumidas cuentas, a dirigir tu vida. Y eso te hace sentir bien, en paz.

Para mí ha sido todo un descubrimiento psicológico, físico, espiritual y emocional. En medio de esa iluminación me quedé embarazada y decidí seguir practicando. Confiaba en que me haría bien y así fue, practiqué hasta los 7 meses y medio más o menos y fue lo mejor que pude haber hecho, tuve un embarazo buenísimo, me sentí ágil y feliz, realmente lo disfruté. Además tuve un excelente parto porque mi cuerpo estaba elongado y con fuerza. Todo esto me tenía tranquila y confiada en que todo sería fácil, y así fue, en tres pujos salió la Bruna, ni uno más. Esta experiencia me confirmó lo bueno que fue haberme encontrado con esta disciplina.

Ahora lo veo desde otra perspectiva, uno va evolucionando como alumna también. He leído los libros de Bikram y es impactante como no dejas de aprender, incluso en la práctica misma estás constantemente descubriendo y ajustando, el cuerpo, las emociones y pensamientos: es un crecimiento completísimo. Vas reconciliándote con todo lo que no haz querido ver, eres capaz de enfrentarte y darlo todo, esforzarte al máximo, concentrarte, caerte, volver, enojarte, quererte, odiarte y aceptarte. Es heavy lo que pasa, es muy reparador para el autoestima. Físicamente también, se corrigen pifias de toda índole.

Podría seguir eternamente por que los beneficios son millones!. Así que lo recomiendo absolutamente, creo que es necesario tomar conciencia de nuestro cuerpo y cuidarlo, al igual que de nuestros pensamientos y emociones. Es urgente que intentemos hacernos cargo de lo que somos, que dejemos de ir por la vida con piloto automático comprando como enfermos y comiendo McDonalds. Hay demasiadas cosas más allá de eso, el problema es que estamos mal enfocados, preocupados de tonteras y con las prioridades revueltas. El Yoga te conecta con lo básico, con lo que realmente somos, sin condimentos. Y cuando uno es capaz de ver y cultivar eso, empieza a prescindir de los decorados excesivos que tantas veces nos tienen hipnotizados, viviendo de una manera equivocada, inestable y poco feliz.

Amparo Phillips

Relación Extensa


Conocí a  Eduardo cuando tenía 15 años, exactamente en Diciembre del 2002. La primera vez que lo vi fue en la piscina de mi ex colegio, la Piscina del Instituto Linares. Nos acercamos a conversar y él me pidió que lo acompañara a comprar cigarros y claramente nos demoramos. Cuando llegamos, todos nos miraron con cara de “seguro que agarraron”, pero lamentablemente NO. Luego subimos al segundo piso de la casa y estuvimos en la habitación de mi amiga, él recostado y yo sentada haciéndole cariño en el pelo y fue recién ahí  cuando nos besamos por primera vez. Pasó alrededor de una semana, y un día en la plaza  cuando nos saludamos fue muy chistoso, porque no supimos cómo iba a reaccionar el otro, así que nos dimos, como se dice vulgarmente un “beso cuneteado”.
Cuando me pidió pololeo fue una noche, cuando unos amigos míos y Eduardo nos invitaron a su cabaña a carretiar y con mi pololo decidimos salir a caminar, bajamos a una especie de mirador que había antes de llegar a la orilla de la playa, nos sentamos en un escaño y fue en ese momento cuando me pidió pololeo, exactamente un 23 de Enero del 2003.
Los 2 primeros años fueron los mejores, claramente porque esta fue la etapa de Conquista, de la entrega al 100%, de todo lo mágico del primer tiempo como: las mariposas en el estómago, los nervios cada vez que sabías que lo verías, la preocupación full por verte bonita, algo que claramente se pierde un poco con el pasar del tiempo y que si no sabes llevarlo con la relación, PAFF! Todo muere y se vuelve monótono. Algo que nos pasó ya casi cumpliendo los 2 años, nos dimos un tiempo indefinido.
Fue el año nuevo del 2005, que decidimos darnos una oportunidad y volver a pololear. Desde ese entonces es que hasta el día de hoy seguimos pololeando, aunque obviamente con los típicos problemas y discusiones de toda pareja, pero la solución ha sido que hemos sido capaces de comprometernos a ser transparentes en todo ámbito, a basar nuestras relación no sólo en el amor, algo fundamental, sino que además, en la confianza, en la entrega mutua y algo tan perdido en estos tiempos, en la fidelidad.

Para muchos una relación estable y de varios años, puede ser sinónimo de aburrimiento, pero para nosotros NO. La clave está simplemente en cómo saber llevar la relación, tener claro lo que quieres con la otra persona, si te proyectas, aceptarse tal cual son, aunque a veces eso sea producto de mil discusiones, pero que en definitiva, tu sabes que ya no se puede cambiar mucho cuando ya eres adulto.
En varias ocasiones me han preguntado si me gustaría estar con otro persona, o directamente me han sugerido que debería estar con otra persona, para poder tener un punto de comparación y que cuando sea viejita pueda decir “sí, no me equivoqué y elegí a la persona correcta”. Pero la verdad, es que he pensado millones de veces esa pregunta, y sé que no encontraré a alguien mejor para mí, tal vez exista un “Hombre Perfecto”, pero no está en mis planes de vida andar buscando al “Hombre Perfecto”, me siento demasiado feliz con mi compañero de viaje, con quien tengo algo demasiado especial, algo que hoy en día es muy difícil de encontrar, porque con él perdí mi virginidad y viceversa. Y aunque para muchas de mis otras cosas soy más liberal, en este aspecto prefiero ser más convencional y optar por algo que para mí es lo sano, la estabilidad emocional.
También creo, que mucho tiene que ver que tengamos una hija, aunque quedé embarazado a los 5 años de pololeo, hay muchos casos en el que el nacimiento de un hijo en parejas jóvenes y no casadas es razón de rupturas y distanciamiento, pero en el nuestro no, el nacimiento de Antonella ha ayudado a consolidar nuestra relación y a demostrarnos que somos el uno para el otro.

Todo lo que he dicho es desde una perspectiva muy personal, lo que no quita validez al pensamiento de otras personas, respeto totalmente a aquellas personas que buscan la felicidad mediante el cambio constante de parejas o al cambio a lo mejor no constante, pero que no optan por una persona para el resto de sus  vidas, porque como lo dije anteriormente, mientras seas feliz y hagas feliz a la persona que tienes a tu lado, todo estará bien.

Romina Pérez-Kallens Rojas


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